miércoles, 29 de febrero de 2012

II


¿Escuchas en lo callado del desierto los latidos de aquel que sueña?
El que sueña el sueño de todos los sueños.
¡Oh! Es que tú y yo todavía no hemos callado.
¿Cómo esperas escuchar entonces el crujir de mis lágrimas en los océanos de la esperanza?-
LXII


¡Hombres!, no busquéis en las moradas de lo irremediable
el grito de la conquista.
Acaso, ¿sois algo más que la propia pregunta?
¡Caminad descalzos por entre las brasas de la incertidumbre y la quimera!-
I


¿De dónde nos iniciamos?
¡Ay! Oquedad primordial.
XX


Sometido a la polución verbal proveniente del anonimato.
¿Anonimato? ¿Falso remedio que promete pulcritud?
¿Acaso la palabra formula terribles necedades por el simple placer de hacerlo?

Dime, o verbo inalcanzable que trasciendes mil llanuras,
el enmarañado patrimonio de nuestro ser ¿es gracia divina o apenas resentimiento?

Forjando multitudes en la ausencia del follaje etílico.

sábado, 19 de noviembre de 2011

X


¿Estás despierto compañero?
¿Cuánto espacio ha pasado entre nuestras reservas?
Hay tanto que murmurar en el enigma de las cenizas.
Quiero decirte, no me veas como aquel que fui.
No me veas junto al circo de antaño, aquel que vistió mi nombre.
No me veas, no me pretendas redimido, no me esperes anhelante.
La desesperación invade mis entrañas día a día.
Soy el fervor de un tiempo que no despierta dentro de si.
Soy el honesto sicario de mi propia libertad.

Mi fatalidad, me honra frente a ti.
XVIV


¿Qué limita la pulcritud de mis sueños?
¿Quién bloquea el ideal de mi pecho empañado?

El parlamento de infortunios me somete al ocaso.
Por momentos, siento que soy el alimento ideal,
el banquete perfecto sabor a migajas enfermizas.
Por momentos, me destierro de mi carne y me señalo.

¿Adonde flaquea la humanidad que nos impusieron siendo semillas?
¿Por qué, ya no siendo semillas, anhelamos volver a serlo?

¿Por qué reconozco, lejos de mí, que ya no soy palabras, sino silencio?

domingo, 4 de septiembre de 2011

XV



¿Soñaran las flores en la noche con el rostro abatido de habitantes distraídos?
¿Gozarán en su mirada la piedad para con esos seres?
Convénceme de que no será así.
¡Transmíteme el legado de su integridad!

Habito en mi mansión, cuatro paredes de aromas inconscientes.
Me habito en la multiplicación de mi rostro rasguñando lo que queda.
El suspiro del porvenir pregona en las ranuras del mareo obligado.
¿Acaso, de nuevo, eres tú?
¿Eres tú? ¿Eres mi Yo añorando mi contención?-